Visita a Haifa y los Jardines Bahaí

Jardines Bahai, Haifa Israel

Llegamos a Haifa casi al mediodía y llamamos a nuestro contacto en la ciudad, que tenía que venir a darnos las llaves del apartamento. Recogemos las llaves y confirmamos que el apartamento, en una planta veintipico, tiene unas vistas impresionantes de la bahía de Haifa y poco más. Un lugar sencillo y algo falto de limpieza (estoy siendo muy suave…) que se cobran casi a precio de hotel de cinco estrellas, pero las opciones escaseaban en esas fechas y la falta de planificación nos dejaba sin más remedio que dormir allí. Había que intentar disfrutar de las vistas almenos.

Haifa es una de las ciudades más grandes de Israel y el puerto marítimo más importante del país, por lo que era una parada interesante en nuestro viaje por Israel, aunque podéis imaginaros que verla en un día era casi imposible así que, centramos nuestros esfuerzos en la zona del centro, sus playas y sobretodo, en los famosos Jardines Bahaí, principal motivo de nuestra parada en la ciudad.

Visita al Centro Mundial de la fe bahá’i

Los Jardines Bahaí es uno de esos lugares en los que nada más pisarlos ya quedas impresionado, gracias en gran parte a sus intensos colores y a la simetría de sus 19 terrazas, que los convierten en los jardines colgantes más grandes del mundo. Estéticamente es un lugar precioso y casi incomparable con otros de su tipo. El recinto tiene tres accesos, en la parte inferior, central y superior y desde ellos se puede entrar a diferentes puntos de los jardines.

Jardines Bahai, Haifa Israel

Justo en las terrazas centrales (abiertas de 9-12h), un templo de mármol con una cúpula dorada y completamente acompañado por los colores que lo rodean marcan el Centro Mundial Bahaí, una religión con orígenes persas cuyos fieles siguen las enseñanzas del profeta Bahá’u’lláh y que tienen aquí, en las laderas del Monte Carmelo en Haifa, su lugar de culto. Este templo es sagrado para sus seguidores ya que, guarda los restos del Báb https://bahai.es/acerca-de/el-bab/, el predecesor espiritual del Bahá’u’lláh, asesinado en Persia en 1850 y cuyos restos fueron guardados en secreto por sus seguidores. Pero no te hagas demasiadas ilusiones porque es imposible verlos, al igual que el libro sagrado de la fe bahaí, el Kitáb-i-Aqda y sus más de cien traducciones a otras lenguas, que permanecen custodiados el interior de los edificios y que, están cerrados al público.

La estampa desde todas sus perspectivas es impresionante. Tanto desde la entrada a pie de calle, en el barrio de la colonia germana, quedando arriba todos los jardines elevándose por la montaña, como desde la parte superior de estos, desde el Balcón Yefe Nof, dejando de fondo la panorámica perfecta con la bahía de Haifa bañada por el Mediterráneo. ¡Hasta a mí me salen bien las fotos desde aquí, el lugar es una auténtica pasada!

Una cosa importante a tener en cuenta son los horarios, que son bastante restrictivos y no te permiten el menor despiste, así que apunta:

-Jardines internos: 9:00–12:00 todos los días
-Jardines externos: 9:00–17:00 todos los días


Eso sí, almenos la entrada es gratuita.

Pero, ¿qué es la fe bahaí?

Esta religión fue fundada en Persia durante el siglo XIX y es básicamente una fe integradora y que predica la igualdad entre hombres y mujeres, la eliminación de todo tipo de prejuicios o la complementación de todas las religiones cada una aportando sus mejores valores y el entendimiento de la humanidad, entre otras cosas.

Su profeta, el “Báb”, nacido en Persia (Irán), aseguró ser el elegido y anunció la aparición inminente del Mensajero de Dios que esperaban todos los pueblos del mundo. El título Báb significa “la puerta”. Este anuncio provocó una persecución por parte de los musulmanes que acabó con el arresto del Báb, su encarcelamiento y finalmente, su ejecución. El majestuoso edificio de cúpula dorada que preside los Jardines Bahaí es el santuario donde están enterrados los restos mortales del Báb.

Pero el Báb había designado ya al que sería el creador de la fe bahaí, el Bahá’u’lláh, que dijo haber recibido la inspiración divina mientras se encontraba arrestado en Teherán por formar parte del movimiento bábí precursor de la Fe bahaí. Como consecuencia de su inspiración, lo expulsaron a Bagdad y posteriormente a Constantinpla, para acabar finalmente en Acre, en la actual Israel y donde sentaría los principios de la religión. Es por eso que los hoy más de seis millones de seguidores de esta fe consideran Haifa y Acre sus lugares sagrados.

Si tienes dudas o te interesa explorar más a fondo en el tema, puedes consultar la web de la comunidad bahaí en España aquí.

¿Qué más puedo hacer en Haifa?

Haifa es una ciudad costera y eso ya le da cierta vitalidad. En verano acuden miles de locales a bañarse en sus playas de arena fina y a disfrutar de la tranquilidad de su largo paseo marítimo. En invierno, época en la que yo estuve, la ciudad se calma y te permite disfrutar de un tiempo menos caluroso y una buena Goldstar en alguna de las terrazas con las que vas tropezando frente a la playa.

Barrio germano, Haifa

También resulta interesante visitar y comparar los distintos barrios de la ciudad, como el barrio de la colonia germana o el barrio musulmán, separados por una calle y que sin embargo parecen mundos distintos. Uno con sus atractivas casas de piedra y tejados rojos y el otro rodeado por el caos y la espontaneidad. Haifa es una mezcla de barrios modernos y antiguos, iglesias y mezquitas, mar y montaña, así que simplemente piérdete por sus calles y saborea su esencia.

Haifa views

Eso sí, no te despistes como yo y salgas a recorrer el centro en coche cuando sea shabatt porque, la tranquila ciudad se convierte con la caída de sol del viernes, en un hervidero en el que se hace imposible circular. Allí atascados, avanzando de centímetro en centímetro, conseguimos por fin salir y dejar el coche aparcado a las afueras para ahora sí, volver caminando y disfrutar del ambientazo que llena las calles céntricas del barrio de la colonia germana. Música, restaurantes, cócteles y todo lo que tienen disponible sale a relucir para celebrar el shabatt.

Y aunque esté algo apartado, vale la pena ir a comer al Elkheir Druze Cuisine, un lugar que aparenta poco y sin embargo sirve unos platos suculentos y deliciosos acompañados de un servicio que rebosa alegría cuando ve llegar a cualquier forastero.

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