15 momentos de un viaje a Guatemala, Honduras y Belice

La Antigua Guatemala

Un viaje inolvidable por algunos de los países más bonitos de Centroamérica que os intento resumir en estos 15 momentos de un viaje a Guatemala, Honduras y Belice.

1. Pasear por las calles adoquinadas de La Antigua

Todo el mundo te lo dice antes de visitar Guatemala y aunque sea redundante, pasear por las calles de La Antigua te teletransporta a otra época. Sus casas coloniales dan color a la ciudad y sus calles adoquinadas la dotan de un encanto especial. Hay que salir del hotel sin destino aparente, su tamaño
invita a hacerlo así, toparte de repente con el famoso arco de Santa Catalina y subir hasta el Cerro de la Cruz para quedarte boquiabierto con las vistas de la ciudad, que de pronto la sientes diminuta a los pies del descomunal volcán Agua. Cuando conoces La Antigua descubres por qué todos la catalogan cómo una de las ciudades coloniales con más encanto de América Latina.

2. Disfrutar de las coquetas ruinas de Copán, en Honduras y hacer un breve acercamiento a la cultura hondureña.

Hay que aprovechar la cercanía de las ruinas mayas de Copán a la frontera con Guatemala y dedicar un par de días a visitarlas. Las ruinas no son tan
impresionantes como Tikal, Chichén Itzá u otras, pero sin duda merece la pena dedicarles una jornada. Su tamaño permite visitarlas en varias horas y hacer disfrutar de un buen entrante a la cultura maya. Pero no te dejes engañar por el tamaño, Copán fue uno de los lugares de mayor renombre en la época maya y gozó de suma importancia. No sólo eso, pese a estar tan solo a una veintena de kilómetros de la frontera guatemalteca, están en territorio hondureño y eso, pese a la cercanía, significa un cambio cultural que podréis apreciar al instante. Desde su gastronomía (con el anafre cómo uno de los platos que no olvidaré) hasta sus costumbres, es una buena manera de conocer una pequeña parte de un país cómo Honduras.

3. Descubrir la grandeza de Tikal

Tikal es descomunal en todos los aspectos, físicamente es el recinto arqueológico maya con el mayor porcentaje de superficie excavada de toda América Latina (cerca del 20%), pero además descubres que la grandeza de Tikal no solo radica en su tamaño, y su historia es tan impresionante que te deja sin palabras. Es difícil de describir la sensación de llegar a Tikal entre el estruendo matutino de los monos aulladores e ir descubriendo sus magníficas construcciones, desde la Gran Plaza o el Templo I (templo del Gran Jaguar) hasta la estética Acrópolis Norte, desde la que se disfruta de una sensacionales vistas de la Gran Plaza.

Tikal, Piramide

4. Descubrir las ruinas mayas de Yaxhá 

Quizás fue por visitarla antes que Tikal, o quizás por qué el día parecía que se iba a torcer y acabo saliendo redondo. El caso es que Yaxhá nos dejó a todos tan impresionados que no sabría describirla, creo que hay que estar allí para verla uno mismo. El tamaño es bastante menor que el de Tikal, pero en todo lo demás me atrevería a decir que supera a su hermana mayor. Tuvimos la suerte de visitar el yacimiento casi en solitario con nuestro guía (el número de visitantes es muy inferior al de Tikal y es posible que corras también esa suerte si la visitas) y la experiencia fue inolvidable. No sólo por el enclave, situada entre dos lagunas: Sacnab y Yaxhá, también por poseer más de quinientas estructuras, algunas tan impresionantes cómo el Palacio Real o la Acrópolis Norte. Ver la puesta de sol desde el templo más alto culminó una tarde maya indescriptible.

5. Conocer los pueblos del lago más hermoso del mundo, el lago Atitlan

Había leído en decenas de sitios cómo calificaban al lago Atitlan como el más hermoso del mundo y tras estar allí puedo decir que si no es el más bonito, está entre los mejores sin duda alguna. No es ninguna exageración, las vistas desde cualquiera de los pueblos que lo rodean son sublimes, con los volcanes San Pedro, Atitlan y Tolimán siempre vigilantes. En lancha colectiva o privada, recorrer los diminutos San Juan la Laguna y  San Marcos la Laguna, el curioso San Pedro o el gran Santiago de Atitlán para descubrir dónde se esconde el Maximón, es uno de los imprescindibles de Guatemala.

6. Una ascensión al volcán San Pedro (3.020 m) 

Salimos a las 6 de la mañana pero el madrugón merece la pena. Después de un desayuno potente, cargamos pilas y empezamos la ascensión al volcán San Pedro, unas cinco horas de caminata en constante desnivel hasta llegar a la cima de este coloso de más de 3000 metros. El esfuerzo es grande y no todo el mundo lo puede hacer, pero una vez has llegado arriba verás recompensado todo lo sufrido con las mejores vistas de un lago que jamás hayas podido ver. Allí sacamos nuestros bocadillos y acabamos improvisando el picnic con mejores vistas de nuestras vidas. Ánimo, ya sólo nos quedaban las dos horas de bajada!

7. Un baño en las pozas cristalinas de Semuc Champey

Llegar hasta allí es casi una odisea y es que, Semuc Champey se encuentra lejosde todo. Nosotros fuimos desde Flores en un viaje de más de 8 horas hasta Cobán, parando allí para dormir y sumando 3 horas más al día siguiente hasta Semuc Champey. El largo viaje hasta allí es innegociable, pero el premio al llegar acaba recompensando la paliza. Semuc es un conjunto de pozas naturales con un agua tan cristalina que impacta. La mejor idea es subir hasta el alto mirador en una caminata de una hora y después bajar exhausto y perder la noción del tiempo con un baño en uno de esos lugares idílicos con los que todo soñamos. Por un momento, a mitad del camino, dudamos de si merecería la pena tan largo camino para un baño, pero al irnos de allí todos coincidimos en que fue uno de los mejores lugares del viaje.

8. Una parada en la diminuta y sorprendente Quirigua

Aunque es uno de los únicos tres lugares Patrimonio de la Humanidad en Guatemala, casi nadie se para a conocer el pequeño yacimiento maya de Quirigua. Nosotros incluso vivimos en nuestras pieles cómo una pareja de turistas preferían esperarnos en la minivan que nos llevaba hasta Río Dulce (íbamos solos con ellos y pedimos si podían parar allí) en lugar de pagar la simbólica entrada para conocer este fascinante lugar. En Quirigua descubrimos el conjunto de estelas mayas más importantes que se conocen, incluida la más alta, ni más ni menos que de 11 metros. Allí descubres la finura con la que se trabajaban los dibujos de estas estelas, siendo un lugar que dedicó especiales esfuerzos a ello gracias al gusto por ellas de su rey. La visita es perfecta si vas desde Copán hasta Río Dulce (o a la inversa) y no supondrá más que una parada de poco más de una hora. A cambio, podrás conocer uno de los yacimientos mayas más desconocidos y menos explotados del país.

9. Los ritos mayas en la Iglesia de Santo Tomás, en Chichicastenango

Llegas a ‘Chichi’ para ver uno de los mercados más grandes y coloridos de Centroamérica y de repente te encuentras con que el mercado está bien, sí, pero lo que de verdad merece la pena allí es la iglesia de Santo Tomás, una construcción de la época colonial que no destaca por su grandeza pero que nos deja escenas nunca vistas. Allí, en la puerta, decenas de locales hacen ritos mayas con incienso y se ven algunas hogueras en la escalera, dónde algunos lanzan objetos. No es fácil cruzar a través de la muchedumbre sin recibir una bocanada de humo aromático, pero una visita a su patio interior te descubré que allí fue cura doctrinero Fray Ximénez y allí se encargó de transcribir el conocido como ‘libro sagrado’ de los mayas, el Popol Vuh. Una visita inmejorable.

Iglesia Chichicastenango, Guatemala

10. Prueba el ‘tapado’ de Livingston

Sólo se puede llegar por agua y eso muchas veces frena a la hora de visitar esta pequeña ciudad dónde predomina la cultura garífuna. Nosotros pasamos un par de noches, aunque es cierto que con una hubiese sido suficiente, pero las condiciones climáticas obligaron a ello. Aunque el pueblo en si no tiene absolutamente ningún tipo de interés más que el buen rollito que da el reggae sonando en las calles y la cordialidad que desprende, puedes encontrar allí el que posiblemente sea el mejor plato de la gastronomía guatemalteca, el famoso ‘Tapado’, un plato a base de caldo de pescado servido con todos sus ingredientes frescos en el mismo plato. Es una verdadera delicia, el mejor plato que comimos en todo el viaje con muchísima diferencia y aunque sólo sea en una excursión de ida y vuelta desde Río Dulce, merece la pena parar en Livingston y probar esta maravilla.

11. Snorkel y pescado fresco en Cayo Caulker

Reconozco que siempre soy algo escéptico cuando me hablan de islas paradisíacas, pero Cayo Caulker se acerca realmente a lo que uno espera de una isla del Caribe. Es pequeña, muy pequeña y eso le da un encanto especial porque puedes recorrer la isla caminando en un agradable paseo con vistas a un mar azul turquesa. Sí, cómo el de las películas! Pero el plato estrella en Cayo Caulker es la cercana reserva marina de Hol Chan, hacia dónde salen tours todos los días que te permiten hacer snorkel en uno de los lugares con mayor fauna marina del planeta. Nos bañamos con tiburones gato, centenares de peces, las respetables rayas e incluso tuvimos la suerte de toparnos y poder interactuar durante un buen rato con un manatí, un momento que jamás olvidaremos. Para acabar el día no hay mejor manera que sentarse relajadamente en uno de los muchos bares de la isla, disfrutar de una cerveza ‘Belikin’ bien fría y esperar a que te traigan tu ración de langosta fresca, que cocinan de decenas de formas diferentes, desde la típica y deliciosa langosta a la plancha hasta un sabroso curri.

Manatí bajo agua, BElice

12. Una mañana en los Siete Altares

Si pasas una noche en Livingston, no hay mejor manera de dedicar la mañana siguiente que a hacer una excursión a los Siete Altares. Este conjunto de pozas naturales con pequeñas cascadas se encuentra cerca de la ciudad. Puedes coger una moto-taxi hasta ‘el puente’ y allí hacer el breve camino, de unos 45 minutos por la orilla de la playa hasta llegar a la entrada del área protegida. Allí te encontrarás con un ‘mini’ Semuc Champey en un entorne sensacional, con varios niveles de pequeñas cascadas y pozas en las que puedes disfrutar de un muy agradable baño. Es sin lugar a duda, lo mejor que puedes hacer si estás en Livingston.

13. Espectáculo nocturno en las cuevas de Lanquín

Pese a que llegamos a la zona con el pretexto de visitar Semuc Champey, las cuevas de Lanquín son un destino por ellas mismas. Están muy cerca de las pozas y de hecho lo habitual es dormir en la población de Lanquín y desde allí realizar la visita a Semuc. Lo más impresionante de las cuevas de Lanquín no son sus formaciones o sus pasadizos. Lo que nos dejó sin palabras fue el espectáculo que se da al caer la noche, cuando apagas todas las linternas y esperas pacientemente en alguna posición cercana a la puerta. Cuando cae el sol, con la entrada de la noche en escena empiezan la jornada los miles de murciélagos que habitan en la cueva, saliendo a toda velocidad y pudiendo notar casi cómo te rozan. Un espectáculo.

14. Sorprendete con los volcanes activos de Guatemala

Guatemala tiene en la actualidad varios volcanes activos (Fuego, Pacaya y Santiaguito) y a todos ellos puedes acercarte hasta sentir casi el calor de sus
fumarolas. Para ver el volcán Fuego por ejemplo, se montan subidas al cercano Acatenango con noche en el cráter de éste, a apenas un kilómetro del cráter del volcán Fuego. La subida es dura pero nos contaron que compensa con la posterior visión de las explosiones de lava desde tan corta distancia. Nosotros subimos el Pacayá, algo más cómoda ya que en poco más de una hora estás en la cima y allí ves el cráter desde realmente cerca, observando cómo de vez en cuando la fumarola deja entrever alguna llamarada. Aunque lo que más nos impactó fue ver las enormes explosiones de lava del volcán Fuego desde La Antigua. Es casi obligado coger allí un alojamiento con terraza, porque aunque sea un poco más caro podrás pasar la noche cómo hicimos nosotros, disfrutando de un espectáculo de fuegos artificiales que quedará grabado en tu memoria. Para los que nunca han visto un volcán expulsando lava, es una experiencia increíble.

Volcán Acatenango, GUatemala

15. Una sesión de cardamomo en Cobán

Quisimos hacer una parada intermedia en el trayecto Flores – Semuc Champey y Cobán era el lugar ideal, ya a tan sólo tres horas del destino. Pensábamos que era una ciudad sin mucho que ofrecer, pero llegamos a media tarde y para nuestra sorpresa encontramos una cafetería (Café Kob’an) que servía un surtido de bebidas y postres hechos con productos locales, casi todo hecho a base de cardamomo, que se planta en la región y se recoge un producto de de gran calidad. Nos informamos sobre el tema y encontramos un restaurante cercano que se llamaba Kardamomuss, que ofrecía un menú con decenas de platos mezclados con esta fuerte especia y otros productos locales, todos plantados en el departamento de Alta Verapaz. No dudamos en ir a cenar allí y acabamos disfrutando de una impagable experiencia culinaria y una clase magistral de producto local por parte del amable camarero. Cobán no es el lugar más turístico del mundo, pero acabamos teniendo un muy buen recuerdo de la ciudad y un servidor volvería a repetir exactamente aquel tramo de ruta, con la pertinente parada en Cobán.

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