El viaje de Sesriem a Swakopmund

Cartel de entrada a Solitaire-Namibia

Dejar el desierto del Namib daba pena, pero llegaba el momento de emprender otro tramo largo del camino para llegar a una de las pocas ciudades que íbamos a visitar, Swakopmund.

Avestruz corriendo

Pasamos e hicimos una breve parada en el peculiar “pueblo” de Solitaire y el Trópico de Capricornio. A partir de ahí la carretera es una uténtica tortura. Baches continuos que impiden que vayas rápido y que hacen que los kilómetros pasen lentamente. Lo mejor del camino fue sin duda encontrarnos a los primeros grupos de animales que no habíamos visto en nuestra vida, tales como ñus, oryx, avestruces o springboks. Pese a todo, el madrugón ayudo a que llegásemos sobre las 14h a Walvis Bay para comer un plato a pie de la bahía –nos apetecía tras unas cuantas comidas a base de pasta, sopa y sándwiches- y disfrutando del mar.

Walvis Bay

Después de eso y tras una brevísima visita al centro de la ciudad y unas compras en el Spar de turno, nos dispusimos a hacer los poco más de 40 km que separan Walvis Bay de Swakopmund.

En un abrir y cerrar de ojos –la carretera de asfalto ayudó- llegamos a Swakopmund y estábamos alojándonos en Villa Wiese, del que había leído muy buenas críticas y donde no hubo problemas de disponibilidad. Esos días teníamos previsto dormir en cama y allí íbamos a pasar las siguientes dos noches.

Swakopmund tiene una arquitectura que recuerda mucho a occidente, de estilo colonial alemán. De hecho Swakopmund uno de los pocos del mundo fuera de Estados Unidos y Europa donde hay una parte importante de la población que habla alemán y posee raíces alemanas. Llegó a ser un puerto importante en África, pero hace ya mucho tiempo –tras la primera Guerra Mundial con la derrota alemana- que todas sus actividades pasaron al puerto de Walvis Bay, colonia británica en aquellos momentos. Actualmente Walvis Bay sigue siendo uno de los puertos importantes de esa costa africana.

Colgado del cartel que indica Tropico de Capricornio

Entrada la noche y tras tomarnos la tarde con muchísima calma entre la habitación y el bar del hostal, salimos a cenar al Kucki’s Pub, uno de los sitios más famosos de la ciudad y que nos encantó, tanto por su precio como por su diversidad en el menú.

Ñu cruzando por la carretera

Tomamos un par de entrecots de carne de springbok con una buena cerveza y volvimos a la habitación para descansar y aprovechar el wi-fi (iba a ser la última vez que tuviésemos internet en el viaje) para escribir a la familia.

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