Visita al Spitzkoppe, el pico de granito que vigila Namibia

Spitzkoppe desde la carretera

Llegaba el día de visitar uno de los lugares más emblemáticos e importantes de nuestro viaje, era el momento de ir a conocer el Spitzkoppe de Namibia, la gran montaña de granito que vigila Damaraland, uno de los territorios más deshabitados del continente africano.

Las expectativas eran altísimas pese a que nos habían avisado que no era de los lugares más habituales en las rutas por Namibia. O quizás por eso las expectativas estaban puestas tan arriba, y eso que ya habíamos estado en el desierto del Namib y el Parque Nacional Namib-Naukluft y sabíamos que aquello no iba a ser fácil de superar.

Llegada al Spitzkoppe, una carretera con paisajes insuperables

Carretera al Spitzkoppe

Las impresionantes formaciones del Spitzkoppe nos quedaban a poco más de una hora y media de camino así que, sin demasiada prisa, nos levantamos, tomamos un buen desayuno salimos hacia la montaña más emblemática de Namibia.

La carretera, conforme te vas aproximando a la montaña, va dejando unas vistas que hiptonizan. El camino queda justo en frente del Spitzkoppe y ya antes de llegar ya quedas impresionado por su belleza. Podríamos haber dado media vuelta en aquel momento y ya hubiese sido suficiente para no olvidar jamás el Spitzkoppe.

Spitzkoppe Namibia

Llegamos y tras cumplir los trámites de entrada, no sin engorros por parte del encargado en la puerta, empezamos nuestra visita al Spitzkoppe. Cogimos uno de los caminos que rodean las montañas hasta que vimos un hueco para dejar el coche y bajar a disfrutar del espectáculo a pie.

Spitzkoppe, entre las montañas sagradas de granito

Ya fuera del coche, caminamos por la zona y subimos a alguna zona accesible para nosotros, porque hay que decir que el Spitzkoppe es uno de esos lugares en el que los escaladores se vuelven locos, siendo un reto gigantesco llegar hasta la cima de los 1728 metros de altura que tiene el pico más alto. 

Spitzkoppe

En los aledaños de la montaña, dentro del propio espacio protegido, se pueden ver animales salvajes como cebras, hyrax y otros mamíferos, pero otro de los grandes momentos de la visita al Spitzkoppe llega cuando te acercas a sus pinturas rupestres, con más de 2.500 años de antigüedad y que representan la vida y sobretodo, los animales que cazaban aquellas personas que hace decenas de siglos vivían en esta zona.

Después de conocer estos espectaculares paisajes moldeados en sus más de 700 millones de años de antigüedad, subimos al coche con destino indefinido y con el objetivo de conocer un poco mejor los alrededores de las montañas.

hyrax

Aunque hubo un buen rato que estuvimos bastante perdidos por los caminos cercanos, la verdad es que perderse por esos caminos del Spitzkoppe no es ni mucho menos un horror, sino más bien un lujo que te permite deambular entre estas montañas, fauna salvaje y siglos de historia.

Aquella jornada en el Spitzkoppe de Namibia había sido memorable y volvíamos a dormir a Swakopmund, esperando que todo aquello no hubiese sido un simple sueño. Al día siguiente íbamos en dirección al norte del país atravesando el apasionante Cape Cross y la Costa de los Esqueletos.

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