Camino al norte: visita a Cape Cross y ruta por la Skeleton Coast

Entrada Skeleton Coast

Dejábamos atrás Swakopmund, dónde habíamos pasado un par de días tranquilos. Hoy tocaba uno de los trayectos más largos de todo el viaje, 600 Km. de distancia y muchas horas por delante para llegar al norte del país y parte ya del territorio de los himbas, pasando por Cape Cross y la Skeleton Coast. Sin destino fijo, la idea era llegar a Sesfontein, pero no descartábamos parar en alguna de la poblaciones anteriores si empezaba a anochecer. Ese iba a ser el camino al norte: visita a Cape Cross y ruta por la Skeleton Coast incluidas.

Tapándome la nariz en Cape Cross

No madrugamos demasiado y aprovechamos de nuevo el suculento desayuno que ofrecía el Villa Wiese. Tras llenar nuestros estómagos, cargamos los bártulos y emprendimos el camino hacia la primera parada, Cape Cross.

Llegamos bastante temprano a la famosa colonia de lobos marinos y estábamos solos al entrar. Una maravilla que huele que alimenta, pero una maravilla. Miles y miles de lobos marinos en la playa y en el mar, que desprenden un hedor difícil de aguantar y emiten unos sonidos en ocasiones muy divertidos. Habíamos leído en algunos sitios que no valía la pena, pero sin duda, nosotros lo recomendamos. Es un lugar como pocos, un paisaje único acompañado de un buen puñado de miles de lobos marinos, y es que en esa época puede llegar a haber unos 100.000 ejemplares en lo que es una de las mayores colonias del mundo.

Leones marinos Cape Cross

Tras esta primera escala, nos internamos en la Costa de los Esqueletos, famosa por sus aguas peligrosas debido a las corrientes de Benguela y por ser el lugar de naufragio de varios barcos. Los cientos de kilómetros que recorren esta costa están llenos de la más absoluta nada. Ni personas, ni casas, ni siquiera coches…cientos y cientos de kilómetros de paisaje desértico y de una tranquilidad inaudita.

Tomamos el desvío a la derecha que hay en la carretera y que te saca de la Skeleton Coast para tomar dirección a Sesfontein y tras nueve horas desde que salimos por la mañana, y de nuevo sin comer nada más que algunas patatas de bolsa, llegamos al punto previsto del día.

Fuimos a dormir al Camel Top Campsite, un camping a las afueras de Sesfontein donde éramos los únicos visitantes –vi en el libro de registro que el último que durmió allí pasó hacía 11 días!!!- y como era la festiva noche de San Juan y aprovechando es increíble entorno, hicimos un buen fuego y nos montamos una buena cena a base de butifarras y carne.

Entrada Skeleton Coast

Por cierto, aquí tuvimos nuestra primera ducha al aire libre. Casi anocheciendo, con bastante frío y con un grifo colgado de un árbol y un par de muros de piedra, pero no tengo dudas de que valió la pena. Como anécdota nos quedó la forma en que querían calentarnos el agua, haciendo una hoguera al lado del bidón de agua que iba a la ducha. Nos negamos porque nos sabía muy mal que estuviesen allí un buen rato haciendo fuego solo para ducharnos con agua caliente.

Camping en Sesfontein

Noche de camping en Sesfontein

Después quedamos con el dueño del camping para ir a un poblado himba por la mañana y trasladarlo hasta Opuwo, donde nosotros íbamos a pasar los siguientes días.

Dormir en Damaraland

Camel Top Campsite

Un día que decidimos hacer kilómetros y parar cuando estuviésemos cansados antes de llegar al norte. Eso nos llevó hasta Sesfontein, una pequeña localidad con un cámping, el Camel Top Campsite, en el que dormimos completamente solos bajo la custodia del dueño del recinto, al que tuvimos que llevar al día siguiente hasta Opuwo con nosotros en el coche. Una experiencia curiosa.

Debo reconocer que pasamos algo de miedo estando allí completamente solos, en medio de una parcela gigante rodeada de vegetación alta. No veíamos nada y se escuchaban todo tipo de ruidos.

La parte positiva es que estar allí solo, delante de tu hoguera haciéndote la cena con todos esos ruidos de fondo, es algo que no se olvida.

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