Un viaje a Sudáfrica y Swazilandia en 10 momentos

Boo Kap, Sudáfrica

Pasadas ya algunas semanas de la vuelta a casa, ha llegado el día de recordar esos grandes momentos que siempre deja un viaje. En este caso Sudáfrica y Swazilandia (y en menor medida Lesotho) han brindado momentos épicos, de esos que se quedan anclados en tu mente para siempre. Resumimos la aventura por tierras africanas en 10 momentos.

10. El primer contacto con animales salvajes

Llegas desde Barcelona a Johannesburgo tras un largo vuelo, coges un coche de alquiler y en unas horas adaptándote a la nueva conducción por la izquierda estás en el Kruger. Todo muy agotador, pero compensa desde el primer momento, cuando antes de cruzar la puerta que delimita los lindes del parque ya te encuentras a un pequeño grupo de búfalos, unos animales enormes que forman parte del selecto grupo de los Big Five y que  impresionan cuanto más te acercas (o se acercan ellos). Las caras de cansancio se transforman de repente en sonrisas de satisfacción, en disparos de fotos y en sonidos de estupefacción. Sí, incluso antes de entrar al parque ya habíamos tachado de la lista el primero de los cinco grandes, un placer que compensó la paliza inicial.

grupo búfalos Kruger, Sudáfrica

9. Betty’s Bay y su colonia de pingüinos africanos

Cerca del Ciudad del Cabo se encuentra Simon’s Town y su famosa colonia de pingüinos africanos en la Boulders Beach, donde todo el mundo acude en masa. Pero si hay un lugar donde disfrutar tranquilamente de estas maravillosas aves, ese debería ser Betty’s Bay. De camino entre Hermanus y Ciudad del Cabo, esta pequeña y poco conocida población posee una colonia protegida igual de grande y mucho menos explotada que la mencionada anteriormente, a un precio seis veces menor (sí, lógicamente hay que pagar entrada para colaborar con el buen mantenimiento de la zona protegida) y en la que vas a disfrutar de la mejor manera de estos simpáticos bichos que campan a sus anchas por la playa y sus alrededores.

Nosotros, que era la primera vez que veíamos pingüinos y estábamos emocionados por la experiencia, acabamos visitando ambos enclaves y podemos asegurar que Betty’s Bay se llevó la palma con diferencia y se convirtió en uno de los momentos del viaje.

pinguino en Bettys Bay, Sudáfrica

Bettys Bay, Sudáfrica

8. Conducir la bellísima carretera escénica de Chapman’s Peak Drive

Pese a haber leído sobre ella, llegamos casi por casualidad y acabó suponiendo un rato fascinante de conducción entre rocas gigantes y acantilados con vistas al océano. La Chapman’s Peak Drive es una de las carreteras escénicas más famosas del país y la mejor manera de empezar a explorar la zona del sur de la Península del Cabo. Si entras desde el sur, sus 114 curvas acaban en la bonita Hout Bay, habiéndola disfrutado antes desde la alturas y llegando tras deleitarte con las descomunales vistas. Son unos minutos de pura emoción.

Chapman's Peak Drive

7. Noche de hienas

Llegar a nuestra tienda de campaña en el campamento de Tamboti fue un pequeña odisea que compensó al ver el lugar en el que íbamos a dormir, envueltos por naturaleza y con la sensación de estar en medio de la nada pese a la valla que delimitaba lo que era campamento de lo que era “zona salvaje”. La noche transcurría tranquila, preparando la cena y disfrutando de los sonidos que la Madre Tierra te deja en estos lugares, cuando de repente escuchamos el disparo de una cámara en la tienda de al lado, giramos la cabeza y aparece a escasos metros nuestros una hiena. Una hiena!! Y sí, iba por detrás de la valla y de repente sentimos alivio por que esa separación artificial estuviese, cuando minutos antes pensábamos que quizás no fuese necesaria y todo sería más auténtico. Pues sí, esa valla era necesaria y a nosotros nos permitió ver una hiena sin sentirte del todo vulnerable.

6. Los rinocerontes son reciben formalmente a nuestra entrada a Swazilandia

Swazilandia es un país recóndito, desconocido por muchos y casi inadvertido por los que lo conocen, salvo que lo conviertas en una pequeña aventura dentro de un gran viaje a Sudáfrica. Nuestra estancia fue algo fugaz, un par de días para visitar los parques que nos interesaban y vuelta al país que lo rodea. Pero pese a la brevedad de nuestro paso, Swazilandia fue tremendamente agradecida con nosotros y dejó varias imágenes que difícilmente olvidaremos. La primera de ellas fue en Hlane, primera parada, en el que es probablemente el parque más famoso del país. Y ni más ni menos, fue salir del coche para comer en un área permitida y toparnos con cuatro rinocerontes descansando a la orilla de una charca, a no más de dos metros nuestros y con una separación casi ridícula.

rinoceronte blanco Hlane, Swazilandia

Aún recuerdo cuando me acerqué a hacerle una foto, alargué mi brazo para situarlo a la menor distancia posible del enorme rinoceronte y movió la cabeza, simplemente movió la cabeza y mi corazón casi se queda en el intento. Una sensación indescriptible.

5. ¡Leones a la izquierda!

Quizás el animal más preciado en cualquier safari sea el león. A nosotros nos costó verlo, hasta el tercer día no hizo acto de presencia, pero a partir de ahí fue casi “coser y cantar”. La primera vez fue en el Kruger, una pareja descansando en posición de esfinge frente a una charca. Se mascaba la tensión, solo algún cocodrilo por la zona y nada más. A partir de ahí aparecieron varias veces en el propio Kruger, pero el mejor momento con estos enormes felinos lo vivimos en Hlane (Swazilandia), cuando en un safari contratado en el mismo parque topamos con un trío de leonas acompañadas por un macho joven. Leones a la izquierda!, gritó el guía.

Leona primer plano

León primer plano

León delante del coche, Hlane, Swazilandia

Allí estaban, estirados como si fuesen el rey de la selva, hasta que tras unos minutos de espera decidieron moverse. Primero dos de ellas, pasando por delante del coche tranquilamente. Minutos después los otros dos, de nuevo rozando el coche hasta llegar a una charca en la que beber. Cuatro enormes depredadores a pocos metros de distancia y casi interactuando con el coche. Una auténtica barbaridad, una escena que nunca olvidaremos.

4. Un baño con el Gran Blanco

Desde que elegimos Sudáfrica como destino, bañarnos con el gran tiburón blanco pasó a ser una de nuestras prioridades. Y lo llevamos a cabo en Gansbaai, población cercana a Ciudad del Cabo y tras varios días de larga espera por el mal tiempo. Al tercer día pudimos salir y tras las explicaciones de qué hacer y qué no hacer en la jaula, nos dispusimos a encarar el gran momento.

Tiburón Blanco, Sudáfrica

El primer tiburón se hizo esperar, pero tras él llegaron varios y pese a que el agua estaba algo fría (15 ºC) no hubo ni una duda, nos lanzamos a la jaula y disfrutamos del espectacular Gran Blanco ante nuestros ojos, a escasos centímetros de nosotros y con la tensión de un a experiencia que cualquiera que vaya a Sudáfrica debe disfrutar.

3. Las vistas de Ciudad del Cabo desde la Table Mountain

Habíamos leído mucho acerca de la Table Mountain, pero esta enorme montaña en medio de la ciudad impresiona por muchas fotos que hayas visto y te deja boquiabierto. Las nubes la cubren como si de un mantel se tratase y desde abajo impresiona, pero es desde arriba cuando de verdad te deja estupefacto. Te sientes diminuto cuando ves Ciudad del Cabo a tus pies y te sientes algo ridículo cuando acabas empapado por la niebla que se genera en la cima, pero sabíamos que éramos afortunados por poder disfrutar de semejante maravilla de la naturaleza con un cielo totalmente despejado, algo que parece que no es tan fácil.

Table Mountain, Cape Town

Vistas nocturnas de Cape Town desde la Table Mountain

2. El leopardo que nos vigila en iSimangaliso

Nos íbamos a ir de Sudáfrica sin ver al único “Big Five” que nos faltaba, el leopardo, cuando de repente Marta gritó: “Para, para, para!!” Volvíamos de la playa de Cape Vidal, Patrimonio de la Humanidad cómo parte del iSimangaliso Wetland Park, resignados por haber perdido aquella mañana nuestra última oportunidad de ver algún leopardo y allí estaba, en el horizonte, en una colina y observándonos aquel leopardo que supo a gloria. Nos detuvimos pese a las prisas por llegar a la puerta de salida, que cerraba en pocos minutos y permanecimos observándolo hasta que el protagonista concluyó su actuación, se alejó lentamente y desapareció entre los arbustos.

Leopardo lejano en iSimangaliso

Una muestra de la resignación es que llevábamos la cámara en el maletero, la dejamos en nuestra parada en el campamento de Cape Vidal, dando por concluida la jornada y apresurándonos a la puerta de salida antes del cierre. Eso sí, en cuanto vimos a aquel gato no tardé ni medio segundo en saltar del coche, abrir el maletero y coger la cámara para empezar a disparar. Una imprudencia que, desde luego valía la pena.

1. La aparición de las primeras ballenas

Mossel Bay fue el lugar. Una parada en esta bahía para disfrutar de sus vistas acabó en una agradable comida en un restaurante que ofertaba pescado fresco con patatas y una copa de vino por tres euros. Y allí, mientras disfrutábamos apaciblemente de nuestro manjar, comenzó el baile. Aparecieron sin cesar ballenas durante toda la comida y nos hicieron compañía en la lejanía, un espectáculo que no tenía precio pero por el que nosotros habíamos pagado el módico precio de tres euros y lo estábamos disfrutando en primera fila.

ballena en Hermanus

0. En busca del esquivo rinoceronte negro

Sin ser un objetivo obligado, nos habíamos marcado cómo meta el intentar ver a este animal en peligro de extinción y del que quedan alrededor de 3.600 ejemplares en todo el planeta. Hay algunos en el Kruger, pero verlos es una auténtica lotería con la extensión de la reserva, así que tras varios días allí sin suerte, decidimos que debíamos probar suerte en el único lugar dónde podríamos verlo en Swazilandia, en la Reserva de Mkhaya (es el único parque del país dónde vive el rinoceronte negro). Allí contratamos un safari con guía para todo el día y para sorpresa nuestra, lo primero que vimos fue un rinoceronte negro!!

rinoceronte negro, Mkhaya, Swazilandia

Allí estaba esperándonos, al poco rato de empezar la búsqueda y a escasa distancia. Tras varios minutos de intensa observación y las pertinentes explicaciones del guía para diferenciarlos bien del blanco, este animal casi extinto se adentró en la maleza y no volvimos a verlo.

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