Viaje a la multifacética Singapur

marina bay singapur

Llegamos bien entrada la noche, a las 23h, y nos dispusimos a hacer la cola para coger un taxi hasta el hotel. El metro, que funciona de maravilla y nos dejaba en la puerta del hotel, ya había cerrado así que tocaba rascarse el bolsillo. Cambiamos dinero para disponer de dólares singapurenses (SGD) durante los siguientes días. Todo está bien indicado y organizado en el aeropuerto de Singapur y una larga cola nos aguardaba para coger nuestro taxi. Empezaba por fin nuestro viaje a la multifacética Singapur. Empezaba nuestro viaje por el sudeste asiático.

Marina Bay, Singapur

El primer contacto fue con el hotel, el Four Chain View Hotel, carísimo en comparación con lo que nos vendría durante todo el viaje, pero Singapur es una ciudad carísima y pese a coger uno de los más baratos que encontramos, el precio fue unas cuatro veces mayor al de cualquier sitio en el que dormiríamos en los días venideros. No estaba demasiado sucio, aunque tampoco demasiado limpio, si hay que ser sinceros. Lo mejor su ubicación, aunque alejado del centro, con una parada de metro a escasos 2 minutos. El metro funciona de maravilla, rápido y barato. No hay que preocuparse por estar alejado del centro, los precios se van y lo dicho, el metro es un lujo. Nos esperaban dos días y medio en esta ciudad-país.

La mañana siguiente visitamos el Hotel Raffles, construido en 1887, de estilo victoriano y declarado Monumento Nacional, la Catedral, la Corte Suprema y el Ayuntamiento, hasta que empezó a llover y paramos a comer. Comer, como todo en Singapur, es caro, así que la alternativa más económica son las famosas foodcourts, unos comedores con un buen puñado de mesas y varios puestos alrededor donde escoger la comida. Nosotros elegimos por casualidad (o como consecuencia de la lluvia) una en un centro comercial que resulto ser uno de los grandes aciertos del viaje y disfrutamos de un hot pot excelente, a un precio razonable y que además, nos permitió resguardarnos de la intensa lluvia que cayó durante varias horas.

Bosque artificial Marina Bay, Singapur

Por la noche, y tras pasar por el hotel a descansar del largo viaje, fuimos al famoso Long Bar del Hotel Raffles, donde inventaron el coktail Singapore Sling. El precio es (muy) abusivo, pero como mínimo estaba bueno y te dan un saco de cacahuetes, que como curiosidad, cuando los pelas se tiran al suelo y al final del día limpian el local. Podéis imaginaros como cruje el suelo cada paso que das por el bar. Para acabar el día cogimos el metro hasta Little India, donde paseamos empapándonos de la cultura hindú que impera en el barrio, como su nombre indica, es una pequeña India dentro de la ciudad. Cenamos en el Komala Vilas, en la calle principal, económico y auténtico hasta el punto de que comes con las manos. Se ven muchísimos locales, imagino que por el bajísimo precio (alrededor de 4-5 € para dos personas con un plato, bebida y un coco de postre), extraño en la ciudad, pero es que además está delicioso.

Marina Bay, Singapur
Marina Bay, Singapur

El objetivo del último día en Singapur fue visitar todo el recinto de la bahía, sus jardines y la zona de Marina Bay con el imponente Marina Bay Sands, subir al bar que hay en la piscina más alta del mundo y deleitarnos con las vistas del skyline singapurense. Pese a que el tiempo no era soleado y caían algunas gotas, la gente se mantenía en la piscina. Imagino que si yo pago el precio que debe valer la habitación también estaría allí metido aunque me dijeses que se cae el edificio.

Recomendaciones especiales

-Long Bar (Hotel Raffles). Sí, es carísimo, pero lo disfrutamos como si fuese el primer y último cocktail en nuestras vidas. Además, si te sales del típico Singapore Sling el precio no sube tanto.

-Komala Vilas (Little India).
Comida hindú auténtica, barata y deliciosa. No es fácil encontrar sitios por esa calidad-precio en la ciudad.

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