Visita a Belén (desde Jerusalén), cuna de la religión cristiana

el muro que separa Israel de Palestina

Pese a formar parte de los territorios palestinos, Belén se encuentra a escasos 10 km. a las afueras de Jerusalén y suele ser una de las visitas más comunes en cualquier viaje por Israel.

Seas o no religioso, Belén tiene 3.400 años de antigüedad y es la cuna del cristianismo, el lugar donde nació Jesús y la capital mundial de la Navidad, y todo eso la convierte en una ciudad cargada de simbolismo. Pero eso contrasta de primeras en cuanto cruzas el muro que la separa de su enemigo íntimo. Estás ante una ciudad con enorme influencia árabe, desde sus carteles, sus calles, la conducción de los coches hasta la manera de actuar de su gente. La diferencia con Jerusalén se observa desde el primer paso en territorio palestino y eso, pensando en Belén como el lugar que vio nacer el cristianismo, me llamó la atención.

El centro neurálgico de la ciudad de Belén es la Manger Square. Allí encontrarás la oficina de turismo donde podrás informarte de todo lo que quieras saber sobre la ciudad y el resto de territorios palestinos, así como restaurantes, cafés y un buen puñado de tiendas de souvenirs. Pero lo que de verdad resulta curioso de esta plaza es mirar a ambos lados. A mi derecha tenía la Mezquita de Omar, templo para los musulmanes, y a la izquierda, con un simple giro del cuello, la Basílica de la Natividad, el lugar en el que, según la tradición cristiana, nació Jesús y que hoy comparten católicos, ortodoxos griegos y apostólicos armenios que se turnan para rezar.

Manger Square Belen

Me dirijo a la puerta de la Basílica de la Natividad y de nuevo me sorprendo. Me habían hablado de la humildad de este templo al que peregrinan miles de fieles cada año, pero me sorprende encontrarme como entrada una pequeña abertura en la roca en la que me tengo que agachar para poder entrar. Nos explican que tiene un doble significado; agacharse antes de entrar a la Basílica de la Natividad es un signo de reverencia, pero además servía para que los infieles no pudiesen entrar a caballo.

Ya dentro del templo, una larga cola muestra el camino hacia la Gruta de la Natividad, lugar en el que se encontraba el portal de Belén o lo que es lo mismo, el punto exacto donde tuvo lugar el nacimiento de Jesús. De nuevo una estrecha abertura y unos escalones empinados te conducen hasta el lugar que todo el mundo quiere ver. Allí, a un lado está la estrella de 14 puntas incrustada donde estaba el portal de Belén y a su lado van pasando fieles uno tras otro para tocarlo o besarlo. Yo lo observo con respeto y una enorme curiosidad, pero desde la distancia (emocional, porque la gruta es un zulo de cinco metros cuadrados). Al otro lado, la Capilla del Pesebre, el lugar donde supuestamente el Niño Jesús fue depositado al nacer.

natividad basilica, belen

Estrella nacimiento Jesus

Ya fuera de la Basílica, observo conmovido el templo, para mi lo más impactante de la visita. La Basílica de la Natividad es una muestra de belleza basada en la sencillez, la decadencia y en la ausencia de alardes que hace cuestionarme como puede ser más complicado mantener en pie el lugar donde nació Jesús que cualquier otra iglesia del mundo. La respuesta es de una dolorosa obviedad.

Si te alejas un poco del centro de la ciudad puedes completar tu visita a Belén con otros lugares simbólicos para el cristianismo como la Gruta de la Leche, el lugar donde se dice que cayó una gota de leche de la Virgen mientras amamantaba a Jesús y, la capilla del Campo de los Pastores, punto en el que según la Biblia, un ángel le anunció a un grupo de pastores la llegada del Mesías.

Pero mi interés radicaba ahora en el Muro y eso mismo le transmito al taxista que nos esperaba para llevarnos de vuelta a Jerusalén.

Recorriendo el Muro de la Vergüenza

Preguntamos al conductor si conocía los grafitis de Bansky o si sencillamente conocía algún tramo del muro que fuese más reseñable. Queríamos ver de cerca y recorrer una parte del muro que separa a israelís y palestinos, que corta el conflicto de la manera más cruda posible. El conductor, amabilísimo, nos dijo que no conocía nada de Bansky, pero inmediatamente paró a varios policías que encontramos por el camino preguntándoles al respecto. Los policías, igualmente amables, le señalaban la dirección que debía tomar.

Muro Palestina

Sí, es ‘solo’ un muro, pero es imposible permanecer ajeno al conflicto palestino-israelí y resulta sencillo mostrar algo de empatía hacia un pueblo al que tienen literalmente cercado por un muro infranqueable de ocho metros altura. Sin entrar en valoraciones políticas, pues no me corresponde, es obvio que levantar un muro para separar a dos pueblos no es la mejor de las medidas y tengo muchas dudas de que sea la mejor manera de construir la paz.

Nuestro conductor nos llevó por varios tramos, parando dónde le indicábamos para ver algunos puntos donde el arte del grafiti alcanzaba su máxima expresión. Hay tramos sin pintadas, en las que solo puedes ver una pared gris ante ti, fría y contundente. Otros tramos, sin embargo, son verdaderas obras de arte, con dibujos que despiertan emociones y que tratan de transmitir el sentimiento de un pueblo. En ese momento la lluvia hizo acto de presencia, forzando nuestra retirada hacia el taxi que nos conduciría de vuelta a Jerusalén.

Caminar al lado de esa mole nos hizo sentir diminutos y no la puedo calificar como una de las cosas más agradables que haya hecho, pero ayuda a poner los pies en el suelo y es que, los muros no unen y únicamente ayudan a que la distancia entre unos y otros sea cada vez más grande.

el muro que separa Israel de Palestina

el muro que separa Israel de Palestina

Cómo ir a Belén desde Jerusalén

Las opciones para visitar Belén desde Jerusalén son varias y cada uno puede elegir la que se adapte mejor a sus necesidades, pero por resumir, y teniendo en cuenta que si vas en coche de alquiler no podrás cruzar el paso fronterizo entre Israel y Palestina, hay dos formas comunes de ir:

1. En transporte público: Nos informamos al respecto y al final declinamos esta opción únicamente por comodidad y porque tampoco pensamos que fuésemos a experimentar algo mucho más auténtico que haciéndolo en un taxi. pero es algo muy personal y si preferís usar este medio, la estación de autobuses está justo delante de la puerta de Damasco, en la ciudad vieja de Jerusalén. Una vez allí tienes dos opciones. La primera es coger el autobús número 21, que va directamente hasta la ciudad palestina y te deja justo al lado de la Iglesia de la Natividad, con una breve parada en el checkpoint. La otra opción es coger el autobús número 234 que te dejará justo frente al muro en un cuarto de hora, pasar el checkpoint y una vez en territorio palestino, decidir si coges uno de los taxis que esperan en la puerta o recorrer los poco más de 2 kilómetros hasta la Iglesia de la Natividad.

2. En taxi: Nos decantamos por esta opción por una mera cuestión de simpleza y porque se adaptaba mejor a lo que buscábamos. Es algo más caro, pero la diferencia de precio no es ni mucho menos significativa y a cambio, coges un taxi en cualquier sitio, nosotros llamamos desde el hotel y cruzas el mismo checkpoint llegando en poco tiempo a Belén y la Iglesia de la Natividad. Cuando acabes de ver lo que quieres, taxi de vuelta (puedes pactar y que te espere el mismo taxista) al que nosotros le pedimos que nos llevase a rodear parte del muro para ver los grafitis que hay en él pintados. Esto, por ejemplo, es imposible hacerlo con el autobús.

Nota importante: Pese a todo lo que puedas leer o pensar antes de cruzar el muro, ten en cuenta que para cruzar de Israel a Palestina no te van a pedir absolutamente nada, ni siquiera al taxista, ya que según nos dijo nuestro conductor, los israelís pueden entrar tranquilamente a Palestina. Sin embargo, para la vuelta es posible que te paren brevemente para solicitar la documentación del taxista y de los pasajeros, aunque lo tienen todo bastante controlado y rápidamente se dan cuenta que eres un viajero y en muchos casos incluso se saltan este paso. Así que tranquil@s, cruzar el muro, más allá de los sentimentalismos que este despierta, será una acción muy rutinaria.

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