En el corazón del país se alza el impresionante Palacio de Nesvizh, considerado por muchos como el castillo más bonito de Bielorrusia. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este majestuoso complejo narra la historia de la poderosa familia Radziwiłł, que convirtió Nesvizh en uno de los centros culturales más importantes de Europa del Este.
Durante mi viaje a Bielorrusia, pude visitar Nesvizh y Mir en un día, una excursión perfecta desde Minsk para descubrir dos de los lugares más espectaculares del país. Ambos castillos ofrecen estilos muy diferentes, pero juntos son capaces de mostrar una parte imprescindible de la historia bielorrusa.
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Índice
El Castillo de Nesvizh: Historia de los Radziwill y su ostentosa residencia en Bielorrusia
La UNESCO define al castillo de Nesvizh como «un complejo arquitectónico, residencial y cultural» porque no es solo un palacio sin más. El recinto incluye jardines, fortificaciones, lagos artificiales y la impresionante Iglesia del Corpus Christi, donde se encuentra el mausoleo de los Radziwill.
Lo cierto es que la historia del castillo no puede separarse de los Radziwill, una de las dinastías aristocráticas más influyentes del antiguo Gran Ducado de Lituania, que abarcaba partes de lo que hoy sería Bielorrusia, Lituania, Polonia y Ucrania.
La historia del castillo comenzó en 1533, cuando la familia Radziwiłł adquirió la propiedad tras la desaparición del linaje Kiszka. Los Radziwiłł se encontraban entre las familias más ricas y poderosas del continente y Nesvizh se convirtió rápidamente en una de sus principales residencias y en un importante centro político y cultural. Para que te hagas una idea de su poder, uno de los carteles informativos explica que poseían nada menos que 23 castillos y palacios.

El gran impulsor del castillo de Nesvizh fue Mikołaj Krzysztof Radziwiłł, conocido como «el Huérfano», quien en 1582 ordenó transformar la antigua fortaleza medieval en un elegante palacio renacentista y barroco. Para ello contrató al arquitecto italiano Giovanni Maria Bernardoni y gracias a la influencia italiana, el complejo adquirió una estética muy diferente a la de otros castillos de la región, combinando elementos defensivos con patios palaciegos, galerías y jardines inspirados en el Renacimiento europeo. Tanto es así que algunos viajeros lo conocen como «el Versalles de Bielorrusia».
Durante los siglos XVII y XVIII, el castillo vivió su época de mayor esplendor. Los Radziwiłł convirtieron Nesvizh en un importante foco cultural y artístico y, de hecho, numerosos artistas llegaron hasta aquí procedentes de toda Europa. Además, reunieron una de las bibliotecas privadas más importantes de Europa del Este y conservando allí documentos políticos y archivos históricos del Gran Ducado de Lituania. Hoy muchas de estas piezas se pueden ver en la visita al interior del palacio.

Sin embargo, la historia del castillo también estuvo marcada por guerras e invasiones. En 1706, durante la Gran Guerra del Norte, las tropas suecas de Carlos XII saquearon el palacio y destruyeron parte de sus fortificaciones. Décadas más tarde, tras las particiones de Polonia y Lituania, el territorio pasó al control del Imperio ruso y muchas de las riquezas de la familia fueron confiscadas o trasladadas a San Petersburgo.
La familia Radziwiłł conservó la residencia hasta 1939, cuando el Ejército Rojo los expulsó tras la invasión soviética del este de Polonia. Y una de las cosas que no sabía y más me impactó de mi visita fue conocer que durante la época soviética, el castillo fue utilizado como sanatorio y como consecuencia de ello sufrió un progresivo deterioro.

Tras la independencia de Bielorrusia, el complejo fue sometido a una profunda restauración y hoy vuelve a lucir como una de las grandes joyas arquitectónicas del país hasta el punto que muchos lo consideran el castillo más bonito de Bielorrusia.
Visita al Palacio de Nesvizh
Llegábamos a Nesvizh tras conocer el castillo de Mir y las expectativas eran altas. Después de unos días en Minsk, venía bien una pequeña escapada fuera de la ciudad y conocer dos lugares patrimonio de la humanidad siempre es una buena idea.

Cruzábamos el foso principal y tras él las puertas de acceso; al fondo ya se atisba el Castillo de Nesvizh y su imponente silueta.
Ahí empezaba el viaje en el tiempo para conocer los entresijos de este palacio recorriendo cada una de sus salas, habitaciones y rincones. Cada una de ellas ha sido restaurada minuciosamente, pero en cualquier caso son capaces de trasladarte a la época en la que los Radziwill eran una de las familias más poderosas del continente.

Por cierto, las entradas las puedes comprar online en su página oficial o hacerlo en la taquilla al mismo precio.
La visita al Castillo de Nesvizh dura alrededor de una hora. Y si te preguntas si vale la pena, la respuesta es sí.
Cómo ir al Palacio de Nesvizh desde Minsk
Hay varias formas de ir desde Minsk hasta el Palacio de Nesvizh:
- Tren y autobús: Tomar un tren desde Minsk hasta Haradzeya (Gorodeia) y desde allí un autobús local o una marshrutka hasta Nesvizh. En total se tardan unas 3 horas.
- Vehículo propio: Puedes alquilar coche en Minsk y el trayecto es de 1:45h desde la capital hasta Nesvizh.
- Taxi: con la aplicación Yandex puedes ir en taxi hasta el Castillo de Nesvizh. Tarda 1:45h y cuesta alrededor de 40€ el trayecto.
- Excursión de un día a Mir y Nesvizh: Hay algunos operadores locales que organizar este tour desde Minsk.
Después de valorar todas las opciones, nosotros éramos 3 personas y decidimos ir en taxi porque nos salía bastante rentable en cuando a tiempos, aunque nos gastásemos más dinero.
También leímos que había un bus directo desde Minsk a Nesvizh, pero fuimos incapaces de encontrarlo.
Qué ver en Nesvizh (además del Castillo)
Más allá del castillo, hay un lugar que no puedes perderte si estás en Nesvizh: la Iglesia del Corpus Christi. En su interior se encuentra la cripta familiar de los Radziwiłł, donde descansan momificados decenas de miembros de la familia. Se pueden ver unos 70 ataúdes, pero no las momias.

La iglesia data del siglo XVI y está considerada una de las primeras iglesias barrocas construidas fuera de Italia. Tras su construcción tuvo una enorme influencia en la arquitectura religiosa de Bielorrusia, Polonia y Lituania.

Hola, mi nombre es Tomàs, autor de este blog. Vivo en Gavà (Barcelona) y llevo más de dos décadas viajando por libre alrededor del mundo. En 2018 empecé a escribir mis pequeñas aventuras en este blog y desde entonces, más de un millón de viajeros llegan cada año hasta aquí para organizar sus viajes con mis guías y artículos sobre cualquier destino.
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