Vrindavan: ciudad de monos, viudas y el Hare Krishna

Vrindavan ghats

Nuestro viaje por la India nos había llevado a conocer la ciudad de Mathura y desde allí, nos dirigimos hacia otra de las ciudades sagradas para el hinduismo, pues queríamos conocer los lugares más importantes que había que ver en Vrindavan, la ciudad en la que el dios Krishna pasó su juventud y que hoy es un hervidero de devotos y una ciudad con algunas de las historias más inquietantes que conocimos durante el viaje.

Vrindavan, una pequeña inmersión en el Hare Krishna y los ritos hindús

Aunque muchos fieles llegan a Vrindavan tras un largo peregrinaje desde la ciudad de Mathura celebrando el día del nacimiento de Krishna, nosotros llegamos aquí en coche (recuerda que puedes contratar tu transporte, público o privado con el buscador 12go Asia, muy útil en la India), un poco más cómodos, pero lo cierto es que los aires que se respiran en Vrindavan desde el primer paso, están envueltos por un aura especial.

Calle Vrindavan
Primeros pasos en las calles de Vrindavan
Vrindavan
Las vacas dominan las calles en Vrindavan

Nuestra primera parada tras dejar el coche aparcado a las afueras es el Templo de Iskcon, uno de los templos más importantes para los seguidores del Hare Krishna, aquellos que van bailando y cantando el mantra del hare krishna por las calles, acompañados del sonido de platillos y tambores.

Aunque nosotros nunca habíamos tenido contacto con nadie que siguiese este mantra, sabíamos que Vrindavan era, en este sentido, un lugar de enorme relevancia para el Hare Krishna y estar aquí era una oportunidad para observar este movimiento en uno de sus centros neurálgicos.

Templo de Iskcon
Interior del Templo de Iskcon

Seguimos nuestro camino en Vrindavan por sus calles repletas de gente y esquivando autorickshaws, una habilidad que ya habíamos desarrollado tras venir de ciudades como Nueva Delhi o Agra. Las bocinas acaban aturdiendo, pero lo que de verdad nos llama la atención es la cantidad de gente que se nos acerca a tocar nuestras gafas de sol y a decirnos repetidamente: «monkey problem, monkey problem«.

Llamaba la atención la cantidad de monos que había en las calles así que, hacemos caso y guardamos nuestras gafas de sol en las mochilas para evitar problemas; ya sabemos que los monos son rápidos y están al acecho de cualquier despiste.

Calle de Vrindavan
Ahora los rickshaws dominan las calles

Llegamos al río Yamuna, otro de los puntos que teníamos que ver en Vrindavan y que no queríamos perdernos por nada del mundo. Hay decenas de pequeñas barcas de madera esperando a los pasajeros y/o pasajeras que quieran hacer un breve paseo por el Yamuna, teniendo la oportunidad de presenciar la ciudad desde otra perspectiva. Nosotros, de nuevo, declinamos esta opción.

Los ghats de Vrindavan
Los evocadores ghats de Vrindavan cuando acaba el día

Vrindavan es intensa y su vida a orillas del río es otro ejemplo de esto. Allí, son muchos los que hacen sus ritos, en muchas ocasiones en ghats casi destruidos, pero llenos de vida y con ese encanto que únicamente consiguen algunos lugares a los que sorprendentemente favorece ese estado que solo se consigue con el paso del tiempo y del uso. Y eso es lo que sucede precisamente en los ghats de Vrindavan, en los que monjes, fieles y monos comparten espacio a orillas del Yamuna. Unos monos que, por cierto, se mantuvieron atentos a nuestros pasos y en el último momento, cuando ya creíamos que no nos prestaban atención y sacamos las gafas de sol para entrar en nuestro coche, saltaron sobre uno de nosotros y se las robaron.

Suerte que estos monos son bastantes listos y nos las cambiaron por un zumo de frutas en un ejercicio de trueque digno de otros tiempos. No era una mala anécdota para acabar nuestro día en Vrindavan y seguir riéndonos de ello durante el resto de viaje.

 Si viajar por primera vez a india, puedes leer mi artículo sobre las ‘Impresiones y emociones de un viaje a la India

La triste historia de las viudas de Vrindavan

Hay una historia triste que acompaña a Vrindavan y el motivo por el que muchos la conocen como la «ciudad de las viudas«.

Antes de viajar a India habíamos leído sobre algunos de sus ritos, costumbres y tradiciones, en ocasiones peculiares y muchas veces incomprensibles a ojos de un occidental.

Señor de Vrindavan
Colores en las calles de Vrindavan

Una de esas historias es la de la tradición o rito conocido como ‘Satí‘, que mandaba a las mujeres cuyos maridos morían, a lanzarse a su pira funeraria, muriendo de esta manera junto a él, pues ella era de su propiedad y con él debía arder.

Por suerte, los ingleses erradicaron esta diabólica práctica del Satí y que se sepa, es algo completamente extinto, aunque la realidad para muchas mujeres en la India es que, sin llegar al extremo de la inmolación, sigue siendo complicada, pues la mujer india, cuando se casa, pasa a formar parte de la familia de marido y si este fallece la teoría dice que la viuda debe mantenerse con la familia del difunto.

El sagrado Río Yamuna
Pensantivo frente al río Yamuna

Esto muchas veces acaba dando como resultado el castigo por parte de esta familia, que acaba con la viuda abandonando el lugar y llegando a ciudades como en este caso el Vrindavan, dónde se calcula que casi un tercio de la población son viudas que caminan sin rumbo por las calles y que malviven de las limosnas ajenas. La cara que a veces muestra la India es extremadamente cruda.

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